Indignación y vergüenza ajena…

En el momento en que me preparaba para escribir este artículo, veía en Noticias 24h de TVE, al señor Bolaños dando una respuesta evasiva a una señora diputada que le había preguntado quien era el «responsable de velar por la seguridad del teléfono móvil del Presidente del Gobierno”. Tras la primera evasiva del ministro, me detuve para oír la previsible reacción de la interpelante; pero, de forma abrupta, la emisora, detuvo la retrasmisión sin explicación alguna. ¡Qué casualidad!

Luego, pasadas unas horas, pude acceder al vídeo que recoge completamente los hechos; y en él -como era de esperar- incapaz de negar que fuera él el verdadero responsable de la seguridad de las comunicaciones, y del cumplimiento de los protocolos existentes sobre dicha materia en y en el entorno de la Presidencia, el señor Bolaños entró en una estomagante fuga a través de la memoria histórica de la corrupción y de las incoherencias de todo bicho viviente al margen, naturalmente, de su partido y de sus socios de gobierno. De manera que, en vez de contestar directamente a tan directa pregunta, eludiéndola no hizo, en realidad, sino callar. Y ya se sabe que, en tales ocasiones, quien calla otorga.

Pero, aunque este aspecto sea, en sí, muy relevante a la hora de establecer responsabilidades en acontecimientos de tanta importancia y trascendencia como los que hoy sufre España, y que, con desconfiada sorna, contemplan extranjeros de más de medio mundo, lo son mucho más los principios y valores que, con ocasión de ellos, han sido negados por unos, y, por otros, servidos y exaltados.

Empezaré por los segundos, y lo haré, tan solo, poniendo muy en primer término la virtud de la lealtad a la que se ha rendido culto siempre en Occidente, y que ha sido y es enseña de los ejércitos, de las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado y, en igual medida, de los Servicios de Inteligencia españoles, en los que he tenido el honor y la fortuna de servir desde el comienzo de la intrahistoria de la Transición hasta mi jubilación en 2005.

A la lealtad se la suele aludir con alguna frecuencia; pero de su contenido y alcance poco saben muchos de los que se atreven a evocarla. Si que se sabe de ella -y mucho- entre quienes sirven a su nación para garantizar su supervivencia, su paz y su libertad, recolectando información y produciendo la inteligencia (conocimiento) necesaria para la promoción y defensa de sus legítimos intereses estratégicos (críticos). Por eso les es fácil, a estos servidores de España, reconocer y agradecer, en otros, comportamientos informados por tan necesaria virtud, ese hábito de conducta que estrecha y fortalece los vínculos de unión informando las relaciones que establecen hombres y mujeres entre sí, y con las instituciones que ellos mismos constituyen: desde la familia hasta el Estado, primero de los servidores de la Nación española.

Es la lealtad una fuerza vital biunívoca y exigente que surge entre subordinados y jefes: entre los amigos e iguales, e, incluso -aunque a algunos pudiera parecerles paradójico- entre los adversarios bien nacidos. Ya se ve que no se trata de una virtud fácil de vivir porque exige vivir también otras muy importantes virtudes como la fidelidad y la confianza; el valor y la fortaleza; el sentido de lo justo y, consecuentemente, el amor a la verdad…

Por eso también a mi me ocurre lo mismo que a Jorge Dezcallar, Embajador de España, ex Secretario de Estado Director y fundador de CNI -a cuyo lado serví- y Hombre de Estado, así, con Mayúscula, que también sufrió,  el injusto destino de Chivo expiatorio que ayer cumplió, a su estela, Paz Esteban, ejemplo de bien hacer, de lealtad a sus compañeros, a sus jefes, al Centro y, sobre todo,  a España en y desde el estricto cumplimiento de las Leyes que dimanan de nuestra Constitución.

Sí, exsecretario, Muchos estamos, como tú,  avergonzados (con vergüenza ajena) e indignados “porque el espectáculo que la clase política está dando en torno al tema de las escuchas es cualquier cosa menos edificante”[1]. Pero, como tú bien sabes, también somos muchos los que hoy, contemplando el ejemplo de dignidad dado por Paz, nos sentimos confortados y orgullosos de ella y de los servidores de España en el Centro Nacional de Inteligencia que han vivido, viven y vivirán, sin duda, hermosas historias que, muy probablemente, jamás serán contadas.

¡Oh Dios, qué buen vasallo si oviesse buen señor!

Francisco Galvache Valero-Martín

11.05.2022


[1] Jorge Dezcallar. 08, 05, elPeriódico, Opinión

4 comentarios sobre “Indignación y vergüenza ajena…

  1. Brillante, Francisco. Somos muchos los que sentimos lo mismo, aunque algunos no puedan verbalizarlo y otros no lo hagan por puro desaliento y melancolía. Sabemos que el trabajo en inteligencia suele ser ingrato y callado y sujeto, a veces, a los caprichos políticos, pero lo que ha sucedido nos deja, al menos, un ejemplo de dignidad templaria en la traición en la persona de Paz Esteban, cuyo silencio emplaza al juicio del tiempo, que antes o después todos conoceremos. Finis coronat opus.

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    1. El Covid puñetero y otras circunstancias, retrasaron esta respuesta mía obligada por la gratitud y el afecto hacia ti, querido amigo. Y es que entre quienes compartimos valores, ideales y sentimientos respecto a ellos, la amistad surge con naturalidad, espontáneamente. Un abrazo fuerte.

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  2. Feliz por conocer un aspecto,desconocido para mi, y que engrandece mi afecto y amistad compartida en circunstancias muy diversas.
    Abrazos (pandémicos).

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